Mis antepasados más remotos fueron paganos; los más recientes, herejes.

viernes, 15 de abril de 2011

Tengo estrés: ¿tengo que ir al médico?


A finales del pasado mes de marzo se desarrolló en Madrid el XXV Simposio sobre Medicina Biorreguladora, a medio camino entre la homeopatía tradicional y la medicina convencional, en el curso del cual diversos especialistas presentaron los últimos estudios epidemiológicos sobre una de la enfermedades invisibles (pero no por ello menos demoledoras) que afecta cada vez más a la población occidental: el estrés. Sólo en España, los trastornos de ansiedad han aumentado tanto (y no sólo entre los adultos sino ¡también entre los niños!) que afectan ya a 1 de cada 6 personas. De hecho, la combinación de ansiedad y depresión constituye en este momento el quinto diagnóstico más frecuente en Atención Primaria y supone la cuarta parte de los pacientes atendidos en este nivel asistencial.

La ansiedad crónica provoca según los expertos síntomas claramente psicosomáticos (la inmensa mayoría de las enfermedades por no decir todas son somatizaciones físicas de estados mentales negativos previos, según reza la Tradición) como alteraciones dermatológicas, dificultad de concentración o memoria, fatiga o dolor de espalda. Y los psicofármacos convencionales indicados para estos casos como las benzodiacepinas tienen sus peligros. Según José Luis Bardasano, director del departamento de Especialidades Médicas de la Universidad de Alcalá de Henares, presentan “importantes efectos secundarios” entre los cuales destaca la reducción en la capacidad de alerta (vaya, vaya…) y por tanto en el nivel de conciencia de la persona.

¿De dónde viene el estrés? Pues aunque ahora trate de camuflarse el origen de la misma echando mano de la casi sempiterna crisis económica, lo cierto es que se relaciona más con el modo de vida actual, que no sólo es capaz de provocar estrés crónico sino también otros trastornos como la depresión o la caída en todo tipo de adicciones: desde el alcohol hasta las drogas o la pornografía. Fernando Sarráis, psiquiatra de la universidad de Navarra y autor de Aprendiendo a vivir: el descanso, advierte contra el cansancio “de origen psíquico” que se acumula poco a poco, durante mucho tiempo, hasta convertirse en crónico. Pasa inadvertido durante muchos años y ello lo hace difícil de tratar y eliminar (al contrario del cansancio físico, que es fácil de percibir y resolver). Ese cansancio psíquico crónico nace en la actual forma de (sobre) vivir y afecta sobre todo a “personas que ponen toda su atención en el mundo exterior: trabajo, familia, amigos..., y procuran hacerlo todo bien, de modo oportuno, agradando a todos".  Los afectados presentan un cuadro de "personalidad perfeccionista, hiperresponsables, muy autoexigentes, pendientes de logros o éxitos, con marcada propensión al activismo y las obsesiones, con tendencia a sentirse culpables de las cosas que no van bien en su entorno, competitivas y voluntariosas (...) siempre en tensión debido a la necesidad patológica de cumplir sus obligaciones con el mundo exterior" lo que les lleva a abandonar "los deberes respecto a sí mismas: el descanso, el disfruto y la relajación" (y la exploración y consolidación de su propio mundo interior, añado yo).

Síntomas de la acumulación de esta bomba de tiempo para nuestro cuerpo y nuestra mente son cefaleas, astenia, insomnio, dolores de espalda, molestias digestivas, hipertensión arterial... "Entonces se acude al médico de familia en busca de una solución para los síntomas, pero no para las causas, por lo que el problema de fondo no se resuelve." Exacto: ése ha sido siempre el problema de la medicina occidental. Demasiado a menudo, se limita a tratar la manifestación de algo, no su causa. Tomamos muchas pastillas, en general con carácter analgésico o antiinflamatorio para eliminar el dolor y reducir la inflamación, pero no resolvemos aquello que provocó el cuadro y que, al seguir ahí, agazapado en nuestro interior sin que nadie lo resuelva, volverá a manifestarse de nuevo. Una y otra vez. Hasta el fin de nuestros días... De hecho, lo más probable es que adelante ese fin.
 
El debate sobre la idoneidad de los tratamientos médicos en Occidente (y sobre la creciente y agobiante dependencia que tenemos los ciudadanos de los médicos y los tratamientos sanitarios) no es nuevo, aunque en los últimos tiempos se ha enriquecido sustancialmente gracias a la libertad que, todavía, podemos encontrar en diversos puntos de Internet, donde se vuelcan un montón de informaciones vetadas en los medios de comunicación tradicionales (el problema es discriminarlas de otro montón de informaciones que se pretenden serias y no son más que supersticiones y delirios de pseudochamanes de cartón piedra). Por ejemplo, una propuesta interesante es la coordinada por el médico del Hospital General de Asturias Carlos Ponte en la Plataforma "NO GRACIAS", en favor de la transparencia en las relaciones con la siempre resbaladiza y opaca industria farmacéutica.

Son ya cientos los profesionales que han apoyado la publicación del manifiesto en su web, que incluye 6 puntos 6, como los toros de la Feria de Abril:

1.- Independencia y ética profesional (con regulación responsable de las relaciones con los proveedores de los servicios públicos que tanto influyen en el funcionamiento del sistema sanitario).

2.- Transparencia como norma de conducta profesional ante el conflicto de intereses (primando por ejemplo el bienestar del paciente al interés secundario derivado sin ir más lejos de la recomendación a ese paciente de un fármaco determinado sólo porque la empresa que lo fabricó recompensa económicamente al médico por recetarlo).

3.- Acceso a una información veraz (en contra del predominio de la promoción sobre la información, como se apunta en el ejemplo del punto anterior).

4.- Formación independiente (y no dirigida por la industria farmacéutica, con esos maravillosos seminarios semanales en playas del Caribe, de los cuales una mañana se dedica al seminario propiamente dicho y los otros seis días a disfrutar a todo tren).

5.- Ningún regalo es gratis (uno de los artículos de esta bitácora se llama precisamente No existe nada gratis así que queda bastante claro que coincidimos especialmente en este criterio; en el caso concreto de esta declaración de principios desaconseja vivamente el "agasajo individual y la hospitalidad de la industria farmacéutica desproporcionada").
6.- Compromiso con la viabilidad del Sistema de Salud (lo que incluye la promoción de un uso racional de medicamentos y el impulso de los genéricos).

Joanen Cunyat profundizaba en todo esto en la entrevista que publicó en De Verdad Digital al propio Ponte y que no tiene desperdicio. Recojo la mayor parte de las respuestas del médico asturiano a las preguntas de Cunyat porque hablan por sí mismas:
  
* " ...como decía un economista norteamericano, si esto sigue así en Occidente las sociedades serán grandes hospitales, unos trabajando y otros como enfermos. Lo que se ha llamado 'la sociedad terapéutica' (...) En este proceso hay distintos agentes. Hay un entramado en el que cada uno tiene su responsabilidad. Todos somos víctimas y culpables, pero el principal motor es la gran industria farmacéutica. En estos momentos la medicalización tiene como principal componente la mercantilización de la salud. Recientemente un profesor de la universidad de Texas publicó un artículo en el que habla de la ley de beneficios inversos, y formula que el beneficio de un medicamento es inversamente proporcional a la inversión en marketing. Esto es algo demostrable. El caso más famoso es el de Vioxx. Salió al mercado en 1999 y pronto se convirtió en un medicamento estrella. Y en el año 2004 hubo que retirarlo del mercado porque había producido muchas víctimas con efectos adversos."

* "Los medicamentos son, hoy en día, para vender y no para curar (...) En la comercialización de los medicamentos hay varios métodos para ampliar el mercado. La forma más común es la de ampliar la indicación de ese medicamento para que tenga mayor número de pacientes. Por ejemplo: se consideraba una persona diabética cuando tenía más de 146 miligramos de glucosa en sangre, pero con el paso de los años el punto de corte se bajó a 130. Después se puso en 110 en otra conferencia de consenso, de forma que el número de diabéticos aumenta. En estos momentos ya se está planteando que entre 100 y 110 ya son pre-diabéticos. Esto también pasa con la presión arterial."

* "Y luego está el invento de enfermedades. Uno de los casos más conocidos es el de la 'fobia social'. ¿Qué es?, pues personas que cuando hablan en público se ponen nerviosas, con ansiedad y sudoración. Lo que hasta ahora era timidez o dificultad para las relaciones sociales se convierte en una enfermedad. Otro ejemplo es el de la eyaculación precoz. Han sacado un medicamento que retrasa un minuto la eyaculación y se supone que este es un problema gravísimo con mucha población susceptible de ser tratada. Pero estamos hablando de un problema psicológico, de relaciones sexuales y equilibrio."

* "Una de las consecuencias de la medicalización es que la factura sanitaria crece. El mercado farmacéutico es de más de 900 mil millones de euros al año. Tienen un enorme poder económico y político que subordina a los Estados, provocando un grave problema de sostenibilidad. En España uno de cada tres euros en la Sanidad se dedican a medicamentos. Estos tienen un precio muy altto y si uno los tiene que pagar de su bolsillo como en EEUU... Esto se da con la connivencia de algunos médicos, que obtienen beneficios directos. Y otros sencillamente no aceptan esa propaganda. El problema es que solo son el 20%, aproximadamente. Esto es un problema de poder político. El mismo Henry Kissinger, ex-director de la CIA, trabaja para Pfizer, y si visita a cualquier gobierno, fíjese la influencia que ejerce. El problema es que los organismos reguladores no son independientes. Y tampoco lo son los medios de comunicación que promueven la fascinación tecnológica como la fuente de la vida eterna." 

En 1993, el escritor español de Ciencia Ficción Gabriel Bermúdez publicó una novela titulada Salud mortal ambientada en un futuro siglo XXI en el que el gobierno estaba en manos de una oligarquía médica y donde sólo los titulados en medicina y cirugía podían acceder a los puestos más altos del poder. Para enfrentarlos, surgían las violentas y revolucionarias BAE o Brigadas Antimédicas Españolas. En el momento de su publicación sonaba a elucubración divertida para pasar el rato pero visto lo visto parece ir adquiriendo un cierto tono preudoprofético, como tantas otras del género...

No hay comentarios:

Publicar un comentario